La china BYD prepara su entrada en la Fórmula 1 y Christian Horner podría liderar el proyecto
BYD lleva meses sonando como una de las posibles grandes novedades de la Fórmula 1. Sin embargo, el rumor ha ganado fuerza con un nombre de mucho peso en el paddock: Christian Horner. El exjefe de Red Bull Racing estaría manteniendo conversaciones vinculadas a un posible desembarco del gigante chino en la categoría reina. Esta operación tendría mucho más trasfondo que una simple campaña de marketing.
Para BYD, la Fórmula 1 podría convertirse en una plataforma perfecta para reforzar su imagen global. Además serviría para ganar prestigio tecnológico y acelerar su reconocimiento fuera de China. Para la F1, la entrada de un fabricante chino de primer nivel abriría la puerta a un mercado enorme. Aún así, ese mercado todavía no ha explotado al nivel de Estados Unidos.
BYD mira a la Fórmula 1 y Christian Horner podría ser la pieza clave
La relación entre BYD y la Fórmula 1 no parece una simple toma de contacto. La vicepresidenta de la compañía, Stella Li, ha reconocido públicamente que la marca mantiene conversaciones con el entorno del campeonato y que la F1 encaja con la imagen de pasión, ambición y cultura tecnológica que quiere proyectar BYD a escala internacional.
En ese escenario aparece Christian Horner, una figura que conoce como pocos el proceso de construir un proyecto ganador desde una estructura relativamente joven. Además, no hay que olvidar que Horner fue una de las caras clave en la transformación de Red Bull Racing en una potencia dominante de la Fórmula 1.
Tras su salida de Red Bull, Horner ha sido relacionado con varios movimientos para regresar al paddock, especialmente a través de operaciones que incluyeran participación accionarial o control ejecutivo. Ahora, BYD podría ofrecerle algo que pocos equipos actuales pueden poner sobre la mesa. En concreto, un proyecto nuevo, ambicioso y con enorme músculo industrial detrás.

Por qué BYD quiere estar en la F1
El interés de BYD tiene bastante lógica. La compañía china ya se ha convertido en uno de los nombres más importantes del coche eléctrico y también es un actor clave en el negocio de las baterías. Sin embargo, fuera de China todavía arrastra el reto de convencer a una parte del público que sigue asociando las marcas chinas con productos generalistas. Esto ocurre pese a que su nivel tecnológico ya compite de tú a tú con los grandes fabricantes tradicionales.
La Fórmula 1 serviría para cambiar esa percepción. Estar en la parrilla no solo da visibilidad: también transmite ingeniería, rendimiento, innovación y capacidad financiera. Es exactamente el tipo de escaparate que una marca como BYD necesita para consolidar su salto global.
Además, la F1 actual está entrando en una etapa muy interesante para los fabricantes. La nueva normativa de motores refuerza el peso de la electrificación y de la eficiencia. Esto encaja con una empresa que ha construido buena parte de su ventaja competitiva alrededor de las baterías, los sistemas híbridos enchufables y los coches eléctricos.
El gran problema: entrar en la F1 no depende solo del dinero
La Fórmula 1 no funciona como otros campeonatos donde basta con pagar una inscripción y construir un monoplaza. Por el contrario, la parrilla es un club muy cerrado. Cualquier nuevo equipo debe convencer a la FIA, a la FOM y, de forma indirecta, al resto de escuderías.
Cadillac es el ejemplo más reciente. El proyecto estadounidense necesitó años de presión, negociación y ajustes antes de recibir luz verde para entrar en la categoría. La FIA se ha mostrado favorable a ampliar la parrilla. No obstante, la FOM y los equipos analizan cualquier nuevo ingreso con una pregunta muy concreta: ¿este equipo aumentará el valor total del campeonato o simplemente obligará a repartir los ingresos entre más partes?
Ahí está la clave. Si BYD quiere entrar como duodécimo equipo, tendrá que demostrar que su presencia hará crecer el negocio. Y en este punto tiene un argumento muy potente: China.
La Fórmula 1 ha logrado en los últimos años algo que llevaba décadas persiguiendo en Estados Unidos. Ha convertido un mercado históricamente complicado en uno de sus pilares comerciales. China podría ser el siguiente gran objetivo. Así, un equipo respaldado por BYD tendría una capacidad de arrastre muy superior a la de un proyecto privado sin identidad industrial clara.
Comprar un equipo existente: la vía más rápida
La alternativa más cómoda para la Fórmula 1 sería que BYD no creara un equipo desde cero, sino que comprara una estructura ya presente en la parrilla o entrara en su accionariado. De esa forma no aumentaría el número de participantes, se mantendría el reparto de ingresos y el campeonato sumaría un fabricante de enorme impacto comercial.
El nombre que más ha sonado en este contexto es Alpine. Según diferentes informaciones, la escudería propiedad de Renault ha estado en el centro de varios movimientos e intereses inversores, y Horner también ha sido relacionado con intentos de entrar en ese entorno.
El problema es que comprar un equipo de Fórmula 1 en 2026 es mucho más difícil que hace una década. Ahora, la categoría vive un momento de enorme salud comercial. Como resultado, las valoraciones de las escuderías se han disparado y casi nadie parece dispuesto a vender salvo que llegue una oferta absolutamente fuera de mercado.
Para BYD, adquirir una participación minoritaria podría ser una puerta de entrada, pero no necesariamente la opción ideal. No obstante, la marca china, por tamaño y ambición, probablemente buscaría un proyecto donde pudiera tener control real, identidad propia y capacidad para asociar el rendimiento del equipo directamente a su imagen.
La FIA ve con buenos ojos una mayor presencia china
Mohammed Ben Sulayem, presidente de la FIA, ya ha dejado entrever en varias ocasiones que una escudería vinculada a China tendría sentido estratégico para el futuro de la Fórmula 1. Su argumento es sencillo: aunque un nuevo equipo obligue a dividir parte de los ingresos, también puede hacer crecer el valor total del campeonato si aporta un mercado gigantesco, nuevos patrocinadores y mayor relevancia global.
Stefano Domenicali, máximo responsable de la F1, mantiene una postura más prudente. La categoría no quiere abrir la puerta a cualquier proyecto, precisamente porque el negocio atraviesa uno de sus mejores momentos. Desde Liberty Media se insiste en que cualquier nueva entrada debe tener una importancia excepcional y proteger el valor construido durante los últimos años.
Y es aquí donde BYD juega con ventaja respecto a otros candidatos. No hablamos de una start-up, ni de un fondo de inversión sin conexión con la automoción. Hablamos de uno de los fabricantes más relevantes del mundo en electrificación, con presencia creciente en Europa, América Latina y Asia. Además, cuenta con una capacidad industrial que encaja con el tipo de socio que la F1 quiere atraer.
BYD en la F1 tiene más sentido del que parece
A primera vista, puede parecer extraño que BYD quiera entrar en una competición todavía asociada a motores de combustión, ruido y gasolina. Pero la realidad es que la Fórmula 1 hace tiempo que dejó de ser solo eso. Hoy es una plataforma global de tecnología, datos, eficiencia, aerodinámica, software y electrificación.
Para BYD, estar en la F1 no sería vender coches eléctricos directamente al aficionado que ve una carrera el domingo. Sería construir prestigio. Y eso, para una marca china que quiere competir con Tesla, Volkswagen, Toyota, Hyundai o Mercedes en todos los mercados importantes, vale muchísimo.
La gran duda está en el camino elegido. Crear un equipo desde cero sería más espectacular, pero también más lento, caro y políticamente complicado. Por otro lado, comprar una escudería existente parece más realista. Aunque ahí BYD tendría que pagar una prima enorme y aceptar que el control total no siempre llega desde el primer día.
Lo que sí parece claro es que la entrada de China en la Fórmula 1 es cuestión de tiempo. Ya hay Gran Premio de China, hay interés comercial y hay fabricantes con capacidad para hacerlo. Si BYD consigue unir su músculo financiero con la experiencia de alguien como Christian Horner, la F1 podría estar ante uno de los movimientos más importantes de la próxima década.