Se veía venir: Ahora BMW pide el mismo trato de favor que a CUPRA
BMW negocia con la UE para eliminar el arancel del 30,7% a sus MINI eléctricos fabricados en China
La guerra comercial entre Europa y China por el coche eléctrico sigue escribiendo capítulos clave. Tras meses de tensión por los nuevos aranceles impuestos a los modelos fabricados en el gigante asiático, el foco ahora se sitúa sobre el Grupo BMW. La compañía alemana quiere seguir los pasos de CUPRA y lograr condiciones especiales para sus eléctricos producidos en China, aunque el camino elegido es diferente.
BMW negocia con Bruselas para esquivar el sobrecoste del 30,7%
BMW ensambla en la planta de Zhangjiagang (China) dos de los eléctricos más accesibles de su órbita: el MINI Cooper eléctrico y el MINI Aceman, desarrollados junto a Great Wall Motor. Actualmente, ambos modelos soportan un arancel adicional del 20,7% impuesto por la Unión Europea a los vehículos eléctricos chinos, que se suma al 10% ya existente. En la práctica, esto supone un 30,7% extra sobre el precio de importación.
Según diversas informaciones publicadas en Alemania, la Comisión Europea ya estaría manteniendo conversaciones con el grupo bávaro para buscar una alternativa que evite ese impacto fiscal. La fórmula sobre la mesa sería un acuerdo de precios mínimos de venta en Europa para estos modelos eléctricos.
Si finalmente prospera esta vía, BMW podría importar sus vehículos desde China sin asumir el arancel adicional, siempre y cuando garantice que no se comercializarán por debajo de un determinado umbral económico. El objetivo de Bruselas es claro: impedir que los modelos producidos en China compitan con ventaja frente a los fabricados en territorio europeo gracias a menores costes de producción.
Un planteamiento distinto al de CUPRA con el Tavascan
La estrategia de BMW difiere notablemente de la que permitió a CUPRA librarse completamente de los aranceles con el CUPRA Tavascan, también fabricado en China.
En el caso de la marca española, el acuerdo incluyó compromisos mucho más amplios con la Unión Europea:
- Cuotas anuales de importación, limitando el número de unidades que pueden llegar al mercado europeo.
- Inversiones en proyectos de electromovilidad dentro de Europa, reforzando el tejido industrial comunitario.
- Seguimiento estricto por parte de la UE, con posibilidad de restaurar los aranceles de forma retroactiva si se incumplen las condiciones pactadas.
BMW, por ahora, apostaría únicamente por la vía del precio mínimo garantizado. Es una solución menos ambiciosa en términos industriales, pero potencialmente más sencilla de cerrar en el corto plazo.
¿Afectará esto al precio de los MINI eléctricos?
En caso de alcanzarse un acuerdo similar al que Bruselas estaría negociando también con el gobierno chino, el impacto para el cliente final podría ser prácticamente neutro. Los precios se mantendrían en una franja semejante a la actual.
Hoy por hoy, el MINI Cooper eléctrico arranca en torno a los 30.720 euros, mientras que el MINI Aceman parte de unos 32.720 euros en el mercado europeo. Las negociaciones están todavía en una fase inicial, por lo que cualquier cambio tardará meses en materializarse, si es que finalmente llega a producirse.
Lo que sí parece evidente es que el Grupo BMW quiere adelantarse a otros fabricantes y cerrar un acuerdo que le permita mantener competitividad sin alterar de forma brusca su estrategia comercial.

La excepción que pasará a ser norma
Desde mi punto de vista, estamos ante un momento decisivo para el equilibrio del mercado europeo del coche eléctrico. La Unión Europea intenta proteger su industria sin bloquear completamente el comercio internacional, mientras que los fabricantes buscan fórmulas para no disparar los precios.
El caso de CUPRA demuestra que Bruselas está dispuesta a negociar, pero siempre a cambio de compromisos tangibles en Europa. BMW, en cambio, parece optar por una solución más pragmática y centrada únicamente en el precio. La gran pregunta es si este modelo de “precio mínimo” será suficiente para convencer a la Comisión o si acabará exigiendo también inversiones industriales dentro del territorio comunitario.
Lo que está claro es que el cliente europeo no quiere más subidas. En plena transición eléctrica, cualquier incremento adicional podría frenar la adopción de vehículos cero emisiones justo cuando más impulso necesita el mercado.