La última locura de la DGT, prohibir también a los coches eléctricos en las ciudades
Según la DGT, el acceso al centro de las ciudades deberá de ser únicamente posible para el transporte público
Cada vez resulta más evidente que las ciudades están apostando por restringir el tráfico privado en sus centros urbanos —ya sea mediante prohibiciones a ciertos vehículos o extendiendo zonas peatonales—. Y también queda claro que esas medidas contribuyen al bienestar ciudadano: eliminan ruido, reducen la contaminación y mejoran la calidad de vida.
Pero para que realmente funcionen, es imprescindible contar con un transporte público eficaz y a buen precio, capaz de sustituir al coche —ya sea con metro, autobús, tren, tranvía, o con formas de micromovilidad como bicicletas o patinetes.
Porque la vida en la ciudad va a un ritmo frenético, y ese ritmo no espera: la comodidad y la rapidez que ofrece un coche deben poder reemplazarse por una alternativa real.
Este enfoque ha sido uno de los ejes del reciente VIII Encuentro de Ciudades para la Seguridad Vial y la Movilidad Sostenible, celebrado esta semana en Badajoz. En la apertura, el jefe de la Dirección General de Tráfico (DGT), Pere Navarro, fue contundente: “Todo empieza en las ciudades; son el gran motor de transformación del país. Quienes lo hagan bien tendrán urbes atractivas, atraerán talento e inversión. Las que no resuelvan bien la movilidad quedarán atrapadas en la congestión, el ruido y los siniestros”.
Para Navarro, “hacerlo bien” significa apostar por el transporte público. Según él, ese debe convertirse en “el único modo de acceder a las ciudades”, ya que el espacio urbano es limitado y no puede seguir recibiendo más coches cada día.
Al mismo tiempo, alertó de que dar privilegios a los coches eléctricos —por ejemplo, permitir su entrada o aparcamiento gratuito en las zonas céntricas— no soluciona el problema de fondo: “El problema es de espacio”, subrayó. Si el centro se llena de eléctricos, el tráfico se estabiliza en niveles insostenibles.
Durante su intervención, el director de la DGT también defendió un modelo en el que, idealmente, los ciudadanos “vayan en transporte público al centro. ¿Tienen prisa? Que usen un taxi, un VTC, pero no su coche”.
Además, puso en valor el aumento en los desplazamientos a pie: según sus datos, caminar ha crecido “de forma absolutamente espectacular”, especialmente en un país envejecido donde muchas personas recorren la ciudad por motivos de salud o bienestar.
En el telón de fondo de estas reflexiones está otro factor: el crecimiento demográfico y turístico. Con 50 millones de habitantes y más de 100 millones de visitantes al año, España se enfrenta a un reto doble: más personas, más desplazamientos, más vehículos, y por tanto, más presión sobre la movilidad urbana. Una presión que ya no se mide solo en contaminación o ruido, sino en espacio disponible y calidad de vida. Navarro reconoció que ese escenario “es un problema de éxito”.
En definitiva, el mensaje que deja este VIII Encuentro es contundente: las ciudades deben replantear su modelo de movilidad, relegar el coche privado —incluso si es eléctrico— y consolidar el transporte público y la movilidad activa (peatones, bicicletas, micromovilidad). Solo así podrá garantizarse una movilidad sostenible, segura y acorde con los retos del siglo XXI.