KIA es uno de los pocos fabricantes que apoya la prohibición de coches de combustión para 2035
La Unión Europa prohibirá la venta de coches de combustión en 2035, muchos fabricantes ya están en contra pero KIA apoya la propuesta
El debate sobre el futuro del automóvil en Europa ha entrado en una fase decisiva. En los últimos días, la ACEA (Asociación Europea de Constructores de Automóviles) y la CLEPA (patronal de proveedores) han remitido una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que alertan de que los objetivos de reducción de CO₂ fijados para 2030 y 2035 resultan, en las condiciones actuales, prácticamente imposibles de cumplir. El mensaje es claro: la industria no se niega a la electrificación, pero pide más flexibilidad y un replanteamiento del calendario.
Aunque la Comisión Europea mantiene su hoja de ruta hacia un parque automovilístico totalmente eléctrico en 2035, los fabricantes advierten que este camino no está exento de obstáculos. En su escrito, reclaman lo que llaman “neutralidad tecnológica”, es decir, que no se apueste únicamente por el coche eléctrico a baterías, sino que se dé cabida también a otras soluciones intermedias o complementarias: híbridos enchufables, eléctricos con extensor de autonomía, vehículos de hidrógeno, combustibles sintéticos o motores de combustión interna de nueva generación con emisiones muy bajas. En otras palabras, lo que persiguen es que no se cierre la puerta de forma tajante a la venta de vehículos térmicos a partir de 2035.
Las razones que esgrime el sector son múltiples. En primer lugar, la dependencia de Europa respecto a Asia en la cadena de valor de las baterías continúa siendo muy elevada, lo que amenaza la competitividad. A esto se suma la infraestructura de recarga insuficiente y muy desigual entre países, uno de los grandes frenos para el despegue de los eléctricos. Tampoco ayuda la escalada de costes industriales, desde la factura eléctrica hasta la carga arancelaria —como el 15 % que grava las exportaciones europeas hacia Estados Unidos—. Además, el mercado avanza con lentitud: en el Viejo Continente, los eléctricos apenas representan el 15 % de las ventas de turismos, un 9 % en furgonetas y solo un 3,5 % en el transporte pesado. Con estos números, dicen los fabricantes, cumplir los plazos fijados por Bruselas es “simplemente irreal”.
El asunto no se quedará en papel. El próximo 12 de septiembre arrancará el denominado “Diálogo Estratégico” entre la industria y la Unión Europea, un foro en el que se definirá la estrategia de movilidad de los próximos años. Bruselas ya ha mostrado flexibilidad en el pasado, como ocurrió con la normativa Euro 7 y con los límites de emisiones para 2025-2027, lo que alimenta la expectativa de que también en esta ocasión se pueda negociar un calendario menos rígido.
Sin embargo, no todas las voces dentro del sector están alineadas. KIA Europa, por ejemplo, ha dejado clara su apuesta por el cumplimiento íntegro de los objetivos comunitarios. Su director ejecutivo, Marc Hedrich, ha recalcado que la marca surcoreana ya tiene en marcha un ambicioso plan de electrificación y que dar marcha atrás sería incluso más costoso que seguir adelante. “Tenemos una avalancha de coches eléctricos en camino, y si de repente tuviéramos que detener los lanzamientos, el impacto económico sería enorme. Nuestro plan es llegar al 100 % de eléctricos en 2035”, subraya.
Eso no significa que KIA haya renunciado antes de tiempo al motor de combustión. Hedrich recuerda que nunca se comprometieron a abandonar los térmicos en 2028 o 2030, como sí hicieron otros fabricantes, sino que prefieren mantener distintas tecnologías en el mercado mientras haya clientes que las demanden. A medio plazo, la estrategia pasa por que en 2030 el 74 % de sus ventas en Europa correspondan a vehículos eléctricos.
La compañía ya ha empezado a dar pasos firmes en esa dirección. En su planta de Žilina, en Eslovaquia, se ha iniciado la producción del KIA EV4, un compacto 100 % eléctrico desarrollado sobre la plataforma E-GMP. A partir de febrero de 2026 le seguirá el EV2, un B-SUV que se convertirá en el modelo de acceso a la gama cero emisiones de la marca, con un precio de lanzamiento en torno a los 30.000 euros antes de ayudas. La adaptación de la fábrica para fabricar eléctricos ha supuesto una inversión de 108 millones de euros, y además la planta opera con energía renovable y avanza en la instalación de placas solares para reducir aún más su huella ambiental.
Con estas posturas tan enfrentadas, el escenario europeo se encuentra en un punto de inflexión. Por un lado, los grandes grupos piden un replanteamiento de los plazos para no poner en riesgo empleos ni competitividad frente a Asia y Estados Unidos. Por otro, marcas como KIA insisten en que el futuro eléctrico es irreversible y que cuanto antes se acelere la transición, mayores serán las ventajas a largo plazo. El próximo encuentro en Bruselas será clave para despejar dudas y marcar el rumbo de la movilidad en Europa durante las próximas décadas.