El CEO de Renault tiene claro que ningún fabricante europeo podrá cumplir el objetivo de emisiones de CO2 para 2030
François Provost lanza un mensaje preocupante que involucra a todos los fabricantes de automoción europeos
El consejero delegado del grupo Renault, François Provost, ha lanzado una advertencia contundente: ningún fabricante de automóviles en Europa está actualmente en condiciones de cumplir los objetivos de emisiones de CO₂ previstos para el año 2030. Durante la Journée de la Filière Automobile, un encuentro anual del sector organizado en París por la patronal francesa PFA, el ejecutivo reclamó a la Comisión Europea una introducción urgente de “flexibilidad” en las metas regulatorias o, de lo contrario, advirtió de posibles recortes de producción y de un riesgo real de “declive” de la industria automovilística europea.
¿Qué está en juego?
Las metas señaladas por Provost se enmarcan en el paquete climático Fit for 55 y en los estándares de emisiones de CO₂ para turismos y furgonetas nuevos impulsados por la Unión Europea. En concreto:
- A partir del 1 de enero de 2030, los automóviles nuevos vendidos por cada fabricante deberán emitir un 55 % menos que en 2021.
- Para las furgonetas nuevas, la reducción exigida será del 50 % frente a ese mismo año de referencia.
- En 2035, la ambición se intensifica: se fija el objetivo de 0 g CO₂/km, lo que implica, prácticamente, el fin de los vehículos de combustión interna ligeros nuevos, salvo excepciones muy limitadas.
Ante este escenario, Provost sostiene que Renault —y sus competidores europeos— no cuentan hoy con “la combinación de tecnología, estructura de ventas y capacidad industrial” necesarias para alcanzar esos niveles, si la normativa no se revisa.
Los principales obstáculos destacados por Renault
El foco de la compañía se centra especialmente en las furgonetas y vehículos comerciales ligeros, un área clave para Renault que además presenta mayores retos de electrificación que los turismos:
- Los elevados precios de los vehículos eléctricos todavía dificultan su adopción en flotas profesionales.
- La infraestructura de recarga sigue siendo insuficiente, sobre todo en el segmento dedicado a flotas.
- La rigidez regulatoria sumada a plazos muy exigentes añade presión adicional.
- Provost incluso apuntó que, de no producirse cambios, Renault podría verse obligada a reducir la producción de este tipo de vehículos a finales de 2025 o principios de 2026 para seguir cumpliendo con los límites de CO₂.
En paralelo, el directivo alertó de que, si no se introducen ajustes “antes de final de año”, los fabricantes podrían “organizar el declive de la industria automovilística europea” mediante recortes en producción y empleo, afectando especialmente a las plantas que concentran la fabricación de comerciales ligeros.
Las tres líneas de reforma propuestas por Renault
Para hacer viable la transición hacia una industria automotriz europea sostenible pero competitiva, Provost defendió tres grandes ejes de reforma normativa:
- Aplicación de las normas sólo a nuevas homologaciones de tipo: Es decir, que los modelos ya en producción no se vean obligados a rediseños o adaptaciones intermedias, y que las regulaciones se agrupen en paquetes trienales con al menos tres años para adaptarse.
- Restaurar una verdadera “neutralidad tecnológica”: Admitir que el “todo eléctrico” puede tener sentido en segmentos pequeños, pero permitir en vehículos de mayor tamaño el uso de híbridos enchufables, eléctricos de autonomía extendida o combustibles alternativos como vías válidas de descarbonización.
- **Flexibilidad temporal adicional **: Proponer cinco años extra inmediatos para aliviar la presión sobre los vehículos comerciales ligeros, y otros cinco años adicionales en torno a 2030 para los turismos, ralentizando la pendiente de reducción de emisiones exigida.
Contexto y reacciones
Mientras Renault pide revisiones y plazos más holgados, la Comisión Europea mantiene por el momento los objetivos originales de 2030 y 2035. No obstante, ya se han dado algunas señales de flexibilidad: Bruselas ha propuesto dar más margen en los objetivos de reducción para 2025 sin cambiar el nivel de exigencia del conjunto y ha abierto una revisión de los estándares de CO₂ que se debatirá en los próximos meses.
Al mismo tiempo, otras voces de la industria eléctrica en Europa alertan del riesgo de retrasar estas metas climáticas: más de 150 responsables del sector de vehículos eléctricos han instado a la UE a no debilitar los objetivos de 2035, bajo el argumento de que cualquier retroceso podría beneficiar a competidores globales y reducir la confianza de los inversores.
¿Por qué es tan difícil cumplir 2030?
El salto que queda por delante hasta 2030 es enorme. A pesar de que las emisiones medias de CO₂ de los turismos nuevos ya se han reducido significativamente en Europa gracias al auge de híbridos y eléctricos, la magnitud de la reducción que se exige (‑55 % para coches y ‑50 % para furgonetas respecto a 2021) en apenas cinco años lo convierte en un reto titánico. Provost lo resume como “metas inaccesibles” si se mantiene el marco regulatorio actual.
Además, la sobrecarga regulatoria también pasa factura: según datos que presentó Renault, hasta un 25 % del tiempo de sus ingenieros ya se dedica a cumplir normas y regulaciones, en lugar de centrarse en el diseño y desarrollo de nuevos productos, lo que resta competitividad frente a regiones en donde el marco es más sencillo y estable.