El cambio de la DGT en el carnet de conducir: si has nacido entre 1956 y 1961 te afecta
El carnet de conducir vuelve a colocarse en el centro del debate en 2026. Esto ocurre especialmente para quienes alcanzan edades clave dentro de los plazos de renovación fijados por la Dirección General de Tráfico. No se trata de retirar el permiso por cumplir años. Sin embargo, se trata de revisar con más frecuencia que las condiciones físicas y cognitivas del conductor siguen siendo compatibles con una conducción segura.
La medida afecta de forma directa a miles de conductores en España, también en Canarias. En este lugar, el coche privado continúa siendo esencial para desplazarse entre municipios, zonas rurales, núcleos turísticos y áreas con menor cobertura de transporte público. Para los nacidos en 1961 y 1956, este año marca dos momentos importantes. Unos empiezan a renovar cada menos tiempo y otros dejan de pagar la tasa administrativa de Tráfico.
La DGT estrecha el control médico del carnet a partir de los 65 años
La normativa de la DGT establece que los permisos de tipo AM, A1, A2, A y B tienen una vigencia general de 10 años hasta que el conductor cumple 65 años. A partir de esa edad, el plazo se reduce a 5 años. Esto obliga a pasar por el centro de reconocimiento con más frecuencia.
Esto significa que los conductores nacidos en 1961, que cumplen 65 años en 2026, entran ya en un nuevo calendario de renovación. En lugar de renovar el carnet cada década, tendrán que hacerlo cada cinco años siempre que el reconocimiento médico sea favorable.
El cambio no implica que se cuestione automáticamente la capacidad de los mayores para conducir. La clave está en la revisión psicofísica: visión, audición, reflejos, coordinación y posibles enfermedades o tratamientos que puedan influir en la conducción.
En territorios como Canarias, este control cobra especial importancia. Las carreteras de montaña, las vías secundarias y los desplazamientos diarios entre municipios hacen fundamental mantener buenas condiciones al volante. Además, la dependencia del vehículo privado aumenta la importancia, tanto para el conductor como para el resto de usuarios de la vía.

Qué ocurre con los permisos profesionales
Los conductores con permisos profesionales tienen un calendario más exigente. En el caso de autorizaciones como camiones o autobuses, los plazos de renovación se acortan más a partir de los 65 años. Además, hay revisiones cada 3 años en categorías profesionales.
La lógica es sencilla: no es lo mismo conducir un turismo particular que ponerse al volante de un vehículo pesado, de transporte de pasajeros o destinado a una actividad profesional. El riesgo potencial es mayor y, por tanto, Tráfico exige controles más frecuentes.
Los mayores de 70 años no pagan la tasa de renovación
La otra cara de la norma llega para quienes cumplen 70 años en 2026. Es decir, los nacidos en 1956. En este caso, la DGT mantiene una ventaja económica importante: los mayores de 70 años están exentos de pagar la tasa administrativa de renovación del permiso.
Eso sí, renovar el carnet no sale completamente gratis. El conductor deberá abonar el reconocimiento médico en el centro autorizado correspondiente. Lo que desaparece es el pago de la tasa de Tráfico, que actualmente es de 24,58 euros para la renovación ordinaria.
En la práctica, el trámite suele realizarse directamente desde el centro psicotécnico: allí se hace la revisión, la fotografía y la gestión telemática con la DGT. Después, el conductor recibe un permiso provisional y, más adelante, el carnet definitivo en su domicilio.
Conducir con el carnet caducado puede salir caro
Uno de los errores más frecuentes es dejar pasar la fecha de caducidad del permiso. Aunque el conductor mantenga sus capacidades intactas, circular con el carnet caducado puede suponer una sanción de 200 euros.
Por eso conviene revisar la fecha de validez que aparece en el propio permiso y no esperar al último momento. La renovación puede iniciarse antes de que caduque, evitando prisas, problemas de agenda en los centros médicos y posibles multas innecesarias.
Más controles, pero sin convertir la edad en una condena
La decisión de revisar con más frecuencia a los conductores mayores tiene sentido desde el punto de vista de la seguridad vial, pero debe aplicarse con equilibrio. Cumplir 65 o 70 años no convierte a nadie en un mal conductor. De hecho, muchos conductores veteranos son más prudentes, respetan mejor los límites y evitan situaciones de riesgo.
El foco no debería estar en la edad como etiqueta, sino en las capacidades reales de cada persona. Ahí es donde los reconocimientos médicos tienen valor. Permiten detectar problemas antes de que se conviertan en un peligro, sin quitar independencia a quienes siguen estando perfectamente preparados para conducir.
En lugares como Canarias, donde el coche es muchas veces una necesidad y no un lujo, mantener esa autonomía resulta especialmente importante. La clave está en encontrar el punto medio entre seguridad, facilidad administrativa y respeto a la movilidad de los mayores.