Barcelona prohibirá los coches con etiqueta B en 2028: miles de conductores tendrán que cambiar sus planes

Coches con etiqueta B dejarán de poder acceder a Barcelona

Barcelona vuelve a endurecer su estrategia contra los vehículos más contaminantes. La capital catalana prepara el veto a los coches con etiqueta B de la DGT, el distintivo amarillo, dentro de sus Zonas de Bajas Emisiones a partir de 2028.

La medida supone un salto importante respecto a las restricciones actuales, que hasta ahora se habían centrado principalmente en los vehículos sin etiqueta. Con este nuevo calendario, miles de conductores tendrán que replantearse sus desplazamientos diarios o adelantar el cambio de coche.

Barcelona pondrá fecha límite a los coches con etiqueta B

A partir de enero de 2028, los vehículos con etiqueta medioambiental B dejarán de poder circular por las Zonas de Bajas Emisiones de Barcelona y su entorno metropolitano, según el calendario previsto por las administraciones implicadas.

Este distintivo afecta, de forma general, a turismos de gasolina matriculados desde el año 2001 y a diésel matriculados desde 2006. Son coches que todavía tienen una presencia muy importante en las calles, especialmente entre familias, trabajadores que entran a diario desde otros municipios y pequeños profesionales.

El objetivo del Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat es reducir las emisiones contaminantes, especialmente los óxidos de nitrógeno y las partículas en suspensión, dos de los principales problemas asociados al tráfico urbano. La ciudad quiere seguir el camino marcado por otras grandes capitales europeas, donde las restricciones a los vehículos antiguos son cada vez más severas.

Mapa actual de la Zona de Bajas Emisiones de la ciudad de Barcelona

Un cambio con fuerte impacto social

La medida no será menor. Para muchos conductores, 2028 se convierte ahora en una fecha clave. Quienes tengan un coche con etiqueta B deberán buscar alternativas: cambiar de vehículo, utilizar más transporte público o modificar sus hábitos de movilidad.

El problema es que renovar el coche no está al alcance de todo el mundo. Los modelos eléctricos siguen teniendo precios elevados y los híbridos, aunque han ganado presencia en el mercado, tampoco son una solución barata para muchas familias.

La opción más accesible podría ser comprar un coche con etiqueta C, pero esta alternativa también genera dudas. Aunque estos vehículos podrán seguir circulando, nadie descarta que en los próximos años las restricciones vuelvan a endurecerse.

Autónomos y pequeñas empresas, en el punto de mira

El veto a la etiqueta B también afectará a furgonetas y vehículos comerciales ligeros. Esto coloca en una situación complicada a autónomos, repartidores y pequeñas empresas que todavía trabajan con flotas diésel antiguas.

Para estos sectores, cambiar de vehículo no es una decisión sencilla. Una furgoneta eléctrica puede ser interesante para reparto urbano, pero su precio, la autonomía real y la falta de puntos de carga siguen siendo barreras importantes.

Por eso, las ayudas públicas serán determinantes. Si las subvenciones no son suficientes o llegan tarde, la restricción puede convertirse en un problema económico para quienes dependen del vehículo para trabajar.

El transporte público tendrá que estar a la altura

Barcelona también tendrá que reforzar sus alternativas de movilidad. Si miles de coches dejan de entrar en la ciudad, el transporte público deberá absorber parte de esa demanda.

Metro, tranvía, autobuses metropolitanos y Rodalies jugarán un papel clave. No bastará con prohibir: será necesario ofrecer una red fiable, rápida y con capacidad suficiente para que dejar el coche en casa sea una opción real.

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